Luego de una corta pero intensa juerga de viernes por la noche, el sábado muy temprano me mezclé entre varias rubias familias para presenciar la avant premier de "Alvin y las ardillas". La Twenthy Century Fox trae este revival de la antigua serie de dibujitos, protagonizada por tres animalitos silvestres, que además de hablar y vivir en la ciudad, cantaban con vocecitas de helio. La peli comienza cuando David Seville, un muy poco apreciado compositor hollywoodense, se encuentra en el hoyo más profundo de su carrera. Ya resignado a cambiar de rumbo ante sus magros resultados, descubre que en su casa están escondidas tres pequeñas ardillas. Los animalitos salieron del bosque a causa de la tala del pino en que vivían, árbol que ahora adorna el gran edificio corporativo de Jett Records, compañía disquera a la que David frecuenta en busca de un éxito. Es así como el mismo David traslada a su casa a los pequeñines sin darse cuenta.Grande es la sopresa del compositor cuando se da cuenta de que las ardillas hablan, y no sólo eso, juegan, tienen nombres y ¡CANTAN!
David decide que aquel talento ardillezco no puede dejarse pasar, así es que les propone asilarlas con tal de que ellas canten sus canciones. Y el primer hit es un pegajoso villancico que los convierte en los personajes del momento y a David, en toda una celebridad.
El problema es que Alvin, Simón y el dulce Teodoro, son niños, y los niños se supone que no deben trabajar. Conciente de ésto, David decide ponerle un freno a su meteórica carrera, así como disciplinarlos porque los tres son demasiado traviesos. Es entonces cuando el máximo ejecutivo de Jett Records les ofrece a los pequeños una opción mucho más atractiva: tendrán todo lo que quieran y harán lo que deseen, mientras se vayan a vivir a su mansión y acepten recorrer el mundo con una exitosa gira de conciertos.
Aunque la cinta logra encantar con dulzonas dosis de acarameladas situaciones, además de caer en los lugares comunes, logra generar momentos de aburrimiento. Los diálogos entre los personajes no animados son demasiado largos, lo cuál la convierte en una cinta no apta para niños muy pequeños.
No es una mala opción cinematográfica navideña; tampoco supera a mi favorita del año: Ratatouille. Hay que darle crédito, eso sí, a la animación y a la banda sonora. Y por qué no decirlo, a Teodoro, la ardilla más gordita y pequeña, es quien se roba la película.