
Anoche regresé a las salas de cine, con el gustito en la boca de haber saboreado "Radio Corazón" la semana pasada; debo reconocer que me costó masticarla, pero la logré tragar.
Las opciones para la función de las 22 horas no eran muchas: dos. Seguramente, dejé de ver la mejor cinta de todos los tiempos, por reencontrarme con Jackie Chan y Chris Tucker, payaseando en Rush Hour 3. La misma pareja explosiva que en la primera entrega debían resolver el secuestro de Soo Yong, la pequeña hija del embajador de China en los Estados Juntos. De la segunda parte no hay demasiado que decir, y de paso no arruinamos la excelente comedia jolibudense que dio paso a la desafortunada secuela.
Teniendo en cuenta que "Rush Hour 2" fue mala, me arriesgué con la tercera parte. Qué encontré, se preguntarán, si es que cabe la posibilidad de que alguien se pregunte semejante obviedad, aunque más bien podrían estarse cuestionándose el por qué yo escribo sobre esto o el motivo por el cuál ustedes, queridos lectores, pierden su tiempo en esta columna.
En fin. Lo primero que sorprende es el paso de los años en ambos protagonistas. Mientras Jackie se arruga como pasa, Tucker se hincha a más no poder. Aún así, con cuerpos que retienen líquido y todo, se puede saborear la química entre éstos dos comediantes, que en esta entrega vuelven a salvarle el pellejo al embajador chino y a Soo Yong, su hija crecida y con cara de china entre mil millones de chinos.
El asunto es que la resolución de la trama (que resulta innecesariamente compleja), los lleva a París, ciudad en que se desarrollan los acontecimientos más jocosos, como el recibimiento por parte de la policía francesa, Allí conocen a un chofer de taxi, del cuál no recuerdo el nombre, que será el compañero de aventuras de los protagonistas.
Hinchados y viejos, aún Chris y Jackie tienen lo suyo. Qué importa el argumento de la película, si basta una sola toma a los ojos semi desorbitados del agente Carter para entrar en una especie de trance risístico (¿?). Además, cómo no adorar ese paupérrimo inglés que habla el detective Lee, aunque ha vivido décadas entre gringos.
En definitiva, estamos hablando de una película pésima, mala, muy mala, pero no peor que la segunda parte. Si Ud. gozó de lo lindo con "Rush Hour 1", a ésta, obviamente, le va a encontrar gusto a chancleta. Pero qué le vamos a hacer. Si a las 22 horas no hay más opciones en cartelera, más vale entrar a la sala con una pre sonrisa dibujada en los labios, pensando que te vas a rencontrar con dos viejos e hinchados amigos, que te contarán una aventura de esas estúpidas y sin remate, pero a los que quieres y escuchas con paciencia, porque alguna remota vez, fueron capaces de alegrarte una perra tarde de esta vida.
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