miércoles, 7 de noviembre de 2007

¡Ahora estamos todos fritos!

Hasta que la ciencia terminó de profanar a Tutín, más conocido como Tutankamón, que también alguna vez fue llamado Tutanjamón; y no es chiste, porque su padre había impuesto una suerte de monoteísmo adorador del dios Atón, en el antiguo imperio egipcio, y tras su muerte, Tutín decidió volver a la sarta de deidades que han hecho famosa a la vieja civilización del Nilo, y ahí vino el cambio de nombre.
Mostrando un 0,00% de respeto por los supersticiosos del mundo, por la tele nos sorprenden con el rostro del rey niño, a quién la diosa de la belleza no favoreció en lo absoluto. A muchos nos pilló engullendo nuestro religioso almuerzo y, de paso, dejándonos con la epiglotis absolutamente cerrada del puro espanto. Aunque la ciencia haya intentado esclarecer la serie de muertes extrañísimas que sufrieron quienes estuvieron presentes durante el descubrimiento de la tumba, la única no profanada antes de que llegaran los gringos, han pasado por esta vida ya varias generaciones encantadas con la historia de la terrible maldición que Tutín supuestamente arrojó sobre los invasores de su real santuario. Muchos de los creyentes gozaron de corazón entorno a una fogata, relatando los más imposibles sucesos obrados por la maldición, sintiendo un frío intenso recorrer sus espaldas. Cuántos miles de personas desveladas imaginando las más terribles desgracias por sólo haber nombrado al faraón más famoso entre todos.
Y sí, señores, perfectamente podría haber una maldición recorriendo los huesos y los tesoros de Tutín, teniendo en cuenta que lo poco que sabemos de él, es digno de un cebollón de porporciones.
Al final, de poco ha servido tanto estudio a las osamentas reales, a la hora de averiguar aspectos de la vida del chiquillo. Se sabe que sus padres pudieron haber sido hermanos y que el pudo haber contraído nupcias con una prima o con una hermana, razón por la cual sus hijos habrían nacido con graves problemas físicos (se encontró un bebé deforme en su tumba). Durante mucho tiempo se pensó que podría haber sido asesinado, debido a una especie de fractura en su cabeza, pero mucho después llegaron a la conclusión de H. Carter, el arqueólogo que profanó la tumba en nombre de la ciencia, al sacarle la máscara que cubría su rostro, le debe haber causado semejante daño en el cráneo real (manerita de tratar a la gente...). Ahora se maneja la hipótesis de que una herida en la pierna lo habría llevado a la muerte en pocos días producto de una septisemia, a la edad de 19 años.
Y con respecto a lo de la maldición, hace algún buen tiempo ya, algunos investigadores con mucho tiempo libre, llegaron a la conclusión de que no hay base científica para afirmar que quienes fallecieron tras entrar a la tumba, lo hayan hecho porducto de un gran mal de las oscuras artes; lo cual es bastante obvio, si me permiten señalarlo, porque aún no conozco ninguna maldición con base científica. En fin, se cree que alguna especie de virus u otro microorganismo habría permanecido dentro de la tumba, lo que podría haber desarrollado a largo plazo, algunas enfermedades degenerativas en los implicados.
Lo cierto es que a varios de los supersticiosos amigos, les ha bajado una especie de pánico tutankamónico, por esto de haber visto el huesudo cráneo de Tutín sin haberlo pedido así. Muchos de ellos están "limpiando" sus casas, sus teles y hasta sus interiores mismos, porque ya sienten que la maldición que cae sobre los que profanan al faraón, viene por ellos. Y quién sabe. Quizás, con tanta mala onda que ha recibido Tutankamón durante años, de verdad las malas vibras se condensaron y todos los inocentes telespectadores del mundo que fuimos asaltados con la imagen del niño rey, tenemos los días contados (ah si no...). Una terrible muerte podría estar acechándonos...

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