
París, París, París. Por qué nos meten en la cabeza que todo es posible es París, más top en París, más romántico en París, más bohemio y nostálgico en París. Al final, los pobres ilusos lo terminamos creyendo.
Vuelvo cinematográficamente a París, esta vez en pleno siglo 20, acompañando desde mi butaca a una rata, Remy, con cierto misteriosos parecido a Jean Baptiste Grenouille, también francés, en eso del olfato ultra poderoso. Podría ser que el protagonista de "El perfume" haya sido reencarnado en un pequeño cuadrúpedo peludo, pienso. Porque el francés roedor protagonista tiene el don de detectar los aromas como ninguna otra rata, así como también los sabores y sus matices al combinarlos entre sí. Remy, por lo tanto, es especial. No se resigna a vivir entre sus semejantes y tener que comer basura o bien robar los alimentos de las casas. Tampoco comulga con eso de caminar en cuatro patas, porque comer con las manos sucias no es una opción para él. Remy sabe leer y gusta de ver la tele. Pero no cualquier programa. El pequeño disfruta el show del mejor Chef de Francia, el único que ha alcanzado la categoría de 5 estrellas en su restorán, Auguste Gusteau.
Por circunstancias que tienen más que ver con la sobrevivencia, Remmy debe escapar de la granja donde habita con el resto de su familión y entre medio de la trifulca se ve separado de ellos. El pobre y desamparado ratoncito ha sido arrastrado por las torrentozas aguas del desague hasta un lugar desconocido. ¡Voilá!, ese lugar es nada más ni nada menos que París, la ciudad más hermosa, la más brillante y esplendorosa, la ciudad donde Remy se convertirá en Chef, ayudado por el fantasmita de Gusteau, quien tomó la drástica decisión de morir luego de que el más despiadado crítico gatronómico de la capital francesa, Anton Ego, destrozara uno de sus platillos.
Finalmente llegó en formato dvd uno de los mejores estrenos de este 2007, si no el mejor. "Ratatouille, una comedia sabrosa", más bien supercalifragilísticamente exquisita. Hacía muchos años que no abandonaba una sala de cine con un tremendo nudo en la garganta, quizás desde "El amante", vista en un ciclo de cine arte durante mis años universitarios. Aunque, ahora que lo pienso, "Finding Neverland" también tocó mi fibra más sensible. En fin.
Debo y quiero reconocer, en esta oportunidad, el papel fundamental de los antagónicos. Qué odiosos más adorables. Qué nostalgia recordar al profe Etchepare al compararlo con Anton Ego, el maldito crítico, solitario, adinerado, autosuficiente, indolente y más encima feo.
El encanto de "Ratatouille", esta extraordinaria creación de Disney Pixar, va más allá de la felposa piel del higiénico ratón, de sus ojos lastimeros, sus orejillas caídas; va más allá del torpe jovenzuelo que debe convertirse en Chef; más allá, más allá, más. En "Ratatouille" , la estrella que da sentido a la historia es Anton Ego, el crítico culinario, el que levanta y destruye carreras, el que mastica pero no traga, el que desafía todo el tiempo. Al que todos temen porque dice la verdad, hasta las últimas consecuencias, aunque tales consecuencias lo arrastren a él mismo.
No daré más detalles para obligarlos a arrendar el dvd, aunque privarse de conservar una copia de este maravilloso film es un verdadero error. Con esto no quiero insentivar el pirateo ni el robo de películas desde Blockbuster, sino la compra honesta y pura de un documento de colección, la mejor cinta de 2007.
Termino con una frase de Ego, una de las tantas que pasarán a formar parte del vocabulario cursi de la humanidad :
"No cualquiera puede ser un genio. Pero un genio puede provenir de cualquier parte".
Vuelvo cinematográficamente a París, esta vez en pleno siglo 20, acompañando desde mi butaca a una rata, Remy, con cierto misteriosos parecido a Jean Baptiste Grenouille, también francés, en eso del olfato ultra poderoso. Podría ser que el protagonista de "El perfume" haya sido reencarnado en un pequeño cuadrúpedo peludo, pienso. Porque el francés roedor protagonista tiene el don de detectar los aromas como ninguna otra rata, así como también los sabores y sus matices al combinarlos entre sí. Remy, por lo tanto, es especial. No se resigna a vivir entre sus semejantes y tener que comer basura o bien robar los alimentos de las casas. Tampoco comulga con eso de caminar en cuatro patas, porque comer con las manos sucias no es una opción para él. Remy sabe leer y gusta de ver la tele. Pero no cualquier programa. El pequeño disfruta el show del mejor Chef de Francia, el único que ha alcanzado la categoría de 5 estrellas en su restorán, Auguste Gusteau.
Por circunstancias que tienen más que ver con la sobrevivencia, Remmy debe escapar de la granja donde habita con el resto de su familión y entre medio de la trifulca se ve separado de ellos. El pobre y desamparado ratoncito ha sido arrastrado por las torrentozas aguas del desague hasta un lugar desconocido. ¡Voilá!, ese lugar es nada más ni nada menos que París, la ciudad más hermosa, la más brillante y esplendorosa, la ciudad donde Remy se convertirá en Chef, ayudado por el fantasmita de Gusteau, quien tomó la drástica decisión de morir luego de que el más despiadado crítico gatronómico de la capital francesa, Anton Ego, destrozara uno de sus platillos.
Finalmente llegó en formato dvd uno de los mejores estrenos de este 2007, si no el mejor. "Ratatouille, una comedia sabrosa", más bien supercalifragilísticamente exquisita. Hacía muchos años que no abandonaba una sala de cine con un tremendo nudo en la garganta, quizás desde "El amante", vista en un ciclo de cine arte durante mis años universitarios. Aunque, ahora que lo pienso, "Finding Neverland" también tocó mi fibra más sensible. En fin.
Debo y quiero reconocer, en esta oportunidad, el papel fundamental de los antagónicos. Qué odiosos más adorables. Qué nostalgia recordar al profe Etchepare al compararlo con Anton Ego, el maldito crítico, solitario, adinerado, autosuficiente, indolente y más encima feo.
El encanto de "Ratatouille", esta extraordinaria creación de Disney Pixar, va más allá de la felposa piel del higiénico ratón, de sus ojos lastimeros, sus orejillas caídas; va más allá del torpe jovenzuelo que debe convertirse en Chef; más allá, más allá, más. En "Ratatouille" , la estrella que da sentido a la historia es Anton Ego, el crítico culinario, el que levanta y destruye carreras, el que mastica pero no traga, el que desafía todo el tiempo. Al que todos temen porque dice la verdad, hasta las últimas consecuencias, aunque tales consecuencias lo arrastren a él mismo.
No daré más detalles para obligarlos a arrendar el dvd, aunque privarse de conservar una copia de este maravilloso film es un verdadero error. Con esto no quiero insentivar el pirateo ni el robo de películas desde Blockbuster, sino la compra honesta y pura de un documento de colección, la mejor cinta de 2007.
Termino con una frase de Ego, una de las tantas que pasarán a formar parte del vocabulario cursi de la humanidad :
"No cualquiera puede ser un genio. Pero un genio puede provenir de cualquier parte".
"Ratatouille", plato típico de la comida francesa. 2 fábula animada no apta para menores de 14 años. 3 película que requiere de pañuelos desechables hacia su final.
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