domingo, 29 de julio de 2007

Entrometiéndonos en lo de Lucila


Gabriela Mistral y yo podríamos tener dos características en común. Primero, ella era seca para sufrir y a mí también me encanta. Segundo, Lucila vino a este mundo con un talento de dioses y a mí me encantaría tener un cuarto de sus dones literarios y de su comprensión de este mundo. Pensándolo bien, sólo nos asemejamos en lo del alma tristona.
Siendo niña me enamoré de la obra de la Mistral, aún sin comprender la gran mayoría de las palabras que utilizaba ni lo que realmente quería decir. Y es lógico; qué iba a saber yo a los 10 años de Si tú me miras yo me vuelvo hermosa, o de al pensar que lo bebiste todo, te engañarías como un niño ciego. Tampoco iba a captar eso de Ninguna bajará a disputarme tu puñado de huesos y menos eso de Padre Nuestro que estás en el cielo, por qué me has abandonado. Y es que sí, tengo que reconocer que me salté los Piecesitos de niño azulosos de frío y las canciones de cunas al belloncito de su carne. Yo me agrandaba y leía lo que no tenía para cuando entender. Hoy, tantísimos años después de haber memorizado El pasó con otra, yo le ví pasar, por primera vez, con capas y capas de experiencias de vida, aún sigo perdiéndome en el abismo de las palabras de Lucila Godoy, intentando acercarme de alguna manera a ese dolor que le persiguió la sombra, desde su niñez pobre en norte de los valles, pero que a la vez fue la bendición que la llevó a plasmar en el papel lo que sus ojos veían y su ser completó sentía.
Hoy, los medios del mundo hablan sobre la inmensa cantidad de material inédito que mantenía en su poder la heredera de la albacea de la poetisa (qué complejo), quien no habría revelado el verdadero valor biográfico y literario de los cientos de cartas, fotografías, diarios de vida y poesía, que Gabriela guardó celosamente hasta mucho después de morir. Más allá de polémica y de las miles de frases "adecuadas" que sonarán por todos lados a propósito de dicho descubrimiento, quienes de alguna manera nos sentimos en algún grado de extraña sintonía con su vida y obra, esperamos que su intimidad siga siéndo eso mismo, íntima, por más pública que se torne. Sé que suena contradictorio, mas cuando hablamos de poesía, nada lo es.
Quizás cuántas nuevas historias conoceremos, de su vida en Chile y en el extrajero, de sus amigos, de sus amores, del eternamente niño Yinyín. Cuántos sentires olvidados, cuántas verdades no reveladas. Y lo haremos en plena era de la información, la cual se está tornando de manera vertiginosa en la era de la destrucción y del extravío, y eso sería lamentable para el trabajo de la primera mujer latinoamericana en ganar el esquivo Nobel de Literatura.
Qué no te pierdas Gabriela, entre palabras y palabras como estas mismas. Qué los tabloides te comprendan, Lucila. O tú compréndelos a ellos; de seguro resultará más fácil.
Por el momento, quedamos a la espera. Con muchísimas expectativas. Nada más que decir, que antes no se haya dicho.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No soy muy hincha de la Gaby...
aunque mas por razones de ignoranca que de gustos..
luego de leer tu nota... creo que le dedicare un par de minutos a interiorizarme en su poesia...nada se pierde no???
besos XI