domingo, 23 de septiembre de 2007

¡Se me confunden!

A propósito de una peliculilla que ayer, solitario domingo, requete ví por cuadragésima vez, descubrí algo de lo más tonto: siempre confundo a Shirley Temple con Judy Garland. Lo más ridículo de todo es que la cinta no tiene nada que ver con ninguna de las dos: "La joya de la familia".
El asunto es que en una de las escenas, Susan, la hija mayor del matrimonio protagónico, está viendo una película de Judy Garland (todo esto ocurre en la víspera de Navidad), justo en la parte donde canta esa empalagosa melodía,"Have yourself a merry little christmas". Me puse a googlear raudamente, para ponerme al tanto de las distintas vidas que llevaron las divas de Hollywood, Shirley y Judy, además de todo el goosip que rodea sus mícas existencias. Descubrí, por ejemplo, que a la Temple le quitaron edad para que la audiencia pensara que la cabra que hacía todas esas gracias era más chica de lo que realmente era. La comadre se enteró como a los 13 años. Que Judy siempre se sintió horrenda y que se cambió las líneas de las cejas y de los pelos de la cabeza un sin fin de veces (debe estar picadísima porque ahora la cosa es tan simple como ir a la consulta del Dr. 90210). Esta misma mujer es la madre de Lisa Minelli, lo cual me pareció tan estupendo de saber, aunque, según yo, ya lo sabía. Y de verdad que Judy era media marimacho para sus cosas y tacuaca, igual que yo. Por eso, al lado de las medias minas de la época que trabajaban en cine, debe haberse sentido como una verdadera callampa.
Al final, las dos están muertas. O sea, la querida Dorothy del Mago de Oz, era seca para las drogas, barbitúricos y todo lo que la mantuviera en otra dimensión, y tras cientos de intentos de suicidios y divorcios, se terminó matando por sobredosis. Y Shirley Temple sigue respirando, bien vieja, pero abrazando la causa republicana la muy lesa, lo cual equivale a estar más que muerta, podrida. Sería todo. Ninguna de las dos, descansa en paz.
A "La joya de la familia" hay que darle tiempo. Verla unas cuantas veces antes de juzgar. A la décima ya uno no puede más de la emoción de poder estar vivo para presenciar semejante obra del séptimo arte. No, dejándonos de bromas fomes, es una buena, muy buena tragicomedia. Lo mejor de todo, es que logra lucir a varios actorcillos que no prenden en ninguna parte. Y a los que lucen siempre, acá siguen en la misma onda. La mejor comedia que he visto en los últimos años, sólo superada por la Pequeña Miss Sunshine, otra cabra chica bien lesa de la que ya hablaré en otra oportunidad.

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