Esta es la historia de Marcos Ruiz, un flacuchento chileno medio, bastante soñador, que por las mañanas trabaja anónimamente en un banco de la capital y por las tardes juega a salvar el mundo, desde su flamante puesto de Secretario General de la Corporación en defensa del Patrimonio Cultural Nacional. Por otro lado, Marcos lucha, día a día, por consumar una relación carnal con su obesa novia Hildita, una treintona Asistente Dental, un tanto negada de pensamientos (si saben a lo que me refiero...), quien vive aún con sus tradicionalistas y extraños padres.En uno de sus tantos intentos por vencer los temores de su polola con respecto al sexo, Marcos tiene la brillante idea de alejarla del mundanal ruido, invitándola a pasar una romántica jornada en la soledad invernal del balneario de Cartagena, sin saber que en medio de las perdidas callecitas del pueblo encontrará el gran tesoro que cambiará su vida.
"Cachimba" (2004) es, desde la primera escena hasta la última, una joya, de la cual podría decirse que fue mejor saboreada en el exterior que el en propio Chile. Y no podría ser de otro modo, si el escritor José Donoso ("El jardín de al lado") y Silvio Caiozzi ("Julio comienza en Julio"), dos mentes geniales concebidas en este terruño, están tras la creación de esta cinta que recorrió el mundo ganando aplausos y premios. Esta encantadora comedia, que sigue a la anterior colaboración entre ambos, "Coronación", está basada en la novela corta de Donoso "Naturaleza muerta con cachimba", la historia de dos amantes bastante grises y de vidas monótonas, que se realizan el gran descubrimiento de sus existencias: una casa desvencijada que sirve de museo para las obras de Larco, un desconocido pintor surrealista chileno, que murió hace ya unos cuantos años, sin recibir pena ni gloria por su arte. A cargo de la invaluable colección está Felipe, un viejo alcohólico, sucio y un poco deschabetado, que relata la historia del artista y sus obras, como si fuera una batalla naval, mientras guía a los visitantes por el maltrecho caserón.
Marcos logra consumar su amor carnal con Hildita en un motel de mala muerte, eso sí, prácticamente a la fuerza, lo cual causa un quiebre en la relación. Pero el debilucho joven, que ya no es tan joven, no se encargará a tiempo completo de solucionar aquel inconveniente con su novia, pues ahora tiene un nuevo motivo por el cual levantarse cada mañana: rescatar la obra de Larco de las manos del viejo Felipe, y de esta manera, validarse como Secretario General de la Corporación en defensa del Patrimonio Cultural (una sarta de viejos que asisten a lerdas reuniones en las que sólo se discursea y que, ciertamente, jamás han defendido patrimonio cultural alguno).
Chile es un país de buenos actores, y una de las tantas gracias de "Cachimba" es rescatar a algunos de los mayores talentos de nuestro país y poner a otros, a la altura de los anteriores. Es el caso de Pablo Schwartz en el rol principal y Mariana Loyola, como la novia gorda y aletargada, quienes logran brillar en las escenas que comparten con Julio Yung, en su premiado rol del asqueroso Felipe, y Patricio Contreras, como el colega de Marcos, quien alcanza a ver en este descubrimiento artístico, un potencial gran negocio y despliega toda su verborrea y conocimientos marketeros al servicio de la noble causa.
Cuando Marcos logra convencer a los viejos de la Corporación de que Larco fue un genio de la pintura, como pocos hubo en Chile, y al mismo Felipe, de que nadie le quitará la obra de su llamado "Maestro", si es que él permite dignificar las pésimas condiciones en que mantiene los cuadros, todo se pone cuesta arriba para el protagonista. Además de su ruptura con Hildita, debe enfrentar todas las complicaciones que se le vienen encima cuando manos negras quieren malear el descubrimiento del siglo y, ciertamente, de su vida.
"Cachimba" es una sátira que se aleja del estereotipo del cine chileno. Tal vez se vio opacada con por la otra cinta nacional que salió a escena al mismo tiempo, "Machuca", la que se convirtió en algo así como la vedette de aquella época. Ambas son excelentes películas, pero yo me quedo con el humor y el corazón del film de Caiozzi: una excenlente historia, un guión con pasajes memorables, actuaciones sobresalientes y la sensación en el estómago de que en este lado del mundo, hace tiempo que el cine lleva pantalones largos. Una frase bastante machista, pero que refleja la fina exquisitez de "Cachimba".
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